Esbozo biográfico

Exilio en México (1939-1952)
1939. Foto de los documetos para partir al exilio en el Sinaia    Ramón Gaya llega a México a finales de junio de 1939. A la pérdida de la guerra se ha unido la muerte de su mujer. Dan cuenta de ello los “Seis sonetos de un diario”, escritos en 1939, y recogidos hoy en Algunos poemas (Pre-Textos, 2001).
 
    Con al apoyo de sus amigos comienza de nuevo a pintar. De 1940 es La cinta, primer cuadro pintado en México y perteneciente en la actualidad a la colección del Museo Ramón Gaya de Murcia. Son años de gran soledad y de intenso trabajo. La falta de museos de pintura clásica hace que llene su estudio de libros y de reproducciones de los grandes maestros, y es de ahí, de la comunicación constante con esos pintores, de donde nacen sus homenajes a Velázquez, a Murillo, a Rembrandt, a Tiziano, a Constable, a Picasso, al cubismo, y a los pintores chinos y japoneses. “Me pareció sentir”, nos dirá Gaya, “que tenía que hacer unos homenajes a esas grandes figuras [...] quería señalar que hay que acordarse de ellos, y no sólo eso, sino que hay que contar con ellos”. Se trata de homenajes que de manera diferente no dejará de abordar a lo largo de su vida.
 
1941. En su estudio de México. Al fondo, un homenaje a Las Meninas.    Son de esos años también los hermosos, personalísimos y casi orientales paisajes de Cuernavaca, Chapultepec, Acapulco, Veracruz. Hace viñetas para los libros editados por la Casa de España y colabora también con sus escritos en algunas revistas mexicanas como Taller, El Hijo Pródigo, Romance y Las Españas. Se reencuentra con Octavio Paz, al que había conocido en Valencia, durante el Congreso de Escritores Antifascistas. A la compañía de sus amigos españoles Juan Gil-Albert, Concha de Albornoz, Luis Cernuda, José Bergamín, Soledad Martínez, se suma la de algunos mexicanos como el poeta Xavier Villaurrutia, el músico Salvador Moreno y la arqueóloga francesa Laurette Séjourné (viuda de Víctor Serge).
 
    En 1947 conoce al poeta Tomás Segovia, nacido en Valencia en 1927, al que le unirá una profunda amistad hasta el final de sus días, y del que en 1949 pintará un retrato que se puede contemplar en el Museo Ramón Gaya de Murcia.
 
1950 en Chapultepec    A través de sus escritos y de su pintura no cesará de manifestar a lo largo de todos estos años su total independencia respecto a las consignas artísticas de la época.